La pobreza y la desigualdad son problemas complejos, pero no inevitables. Una sociedad bien informada puede provocar la transformación económica y política que pondrá fin a la pobreza. Este blog, elaborado por el área de investigaciones de Intermón Oxfam, quiere contribuir a ese debate: proponer reflexiones e ideas sobre la globalización y el desarrollo, y escuchar lo que otros tienen que decir.
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martes, 18 de noviembre de 2008

Países pobres (y vulnerables)

Desde la perspectiva de los países pobres, describir la evolución de la economía durante los últimos dos años es hablar de shocks y de vulnerabilidad.

Para muchas economías de África, Asia y América Latina, la montaña rusa en la que se ha convertido la economía internacional tiene consecuencias que van mucho más allá de las estadísticas. La combinación de economías dependientes (de la ayuda, de la importación de alimentos, de la exportación de un puñado de materias primas) y ausencia de redes de seguridad (bolsas sociales, programas de desempleo, ayuda alimentaria, sostenimiento de precios) supone a menudo un shock que determina durante años la vida de una familia.

A la inestabilidad financiera y comercial se ha unido el fenómeno del calentamiento global, que ha disparado el número de inundaciones, huracanes y tifones, casi siempre en regiones en desarrollo.


La vulnerabilidad (de las familias y de los países) se ha convertido en uno de los grandes temas de debate en las políticas de desarrollo. Y, como en otros casos, las soluciones que se han puesto sobre la mesa apuntan en la dirección contraria a la que hemos ido los últimos treinta años, en donde se ha debilitado el papel del Estado como regulador y proveedor de garantías sociales.

La buena noticia es que todo apunta a un cambio de tendencia, en el que reconsideraremos algunos de los errores pasados. Si te interesa este asunto, te sugiero tres pistas interesantes:
  • El capítulo 4 de De la pobreza al poder, de nuestro colega Duncan Green, hace un repaso bien informado de los principales dilemas que plantea el riesgo y la vulnerabilidad en los países pobres. En esta página también encontrarás referencias a otros materiales interesantes.
  • Para conocer el papel del cambio climático en este debate, no dejes de consultar el Informe sobre Desarrollo Humano 2007-08, editado por el PNUD. Merece la pena leer el espléndido resumen, pero encontrarás más detalles en el capítulo 2.
  • El Center Global Development (un think-tank provocativo y recomendable) acaba de publicar un pequeño trabajo en el que analiza el papel que podrían jugar en este asunto los Bancos Multilaterales de Desarrollo, aportando las garantías que no siempre pueden pfrecer los propios Estados. Algo técnico, pero ilustrativo y realista.


Gonzalo Fanjul, desde Boston
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miércoles, 16 de julio de 2008

Biocombustibles: ¿un remedio peor que la enfermedad?

Hoy dice el Gobierno español que son las petroleras quienes están detrás de la campaña contra los biocombustibles, y que piensa seguir adelante con las metas fijadas. Poco importa que el Parlamento Europeo, Gran Bretaña, Holanda, Francia y Alemania hayan echado ya el freno, que países como Indonesia, uno de los que ya han sufrido las consecuencias, pidan que las tierras cultivables se destinen a producir alimentos. Poco importan los informes que aseguran que, a excepción del etanol a partir de caña de azúcar, la mayoría de los biocombustibles resultan en emisiones netas de CO2, es decir, más bien agravan el problema. Y tampoco importa mucho que se cuenten entre las causas de la disparada subida en el precio de los alimentos (aunque difieren en las cifras, informes como los del FMI, el IFPRI y la OCDE coiciden en que existe una relación causal directa).

Tampoco importa que la meta en cuestión - sustituir un 10% de los carburantes por biocombustibles para el 2020- se adoptase en el 2003, en un contexto de supuesta abundancia de alimentos (eso sí, no accesibles para todos), incremento de las tierras agrícolas "ociosas", un sector rural necesitado de estímulos y la creencia de que los biocombustibles podrían reducir la amenaza del cambio climático.

Hoy las circunstancias han cambiado radicalmente, pero a nuestro gobierno parece no importarle. Las evidencias más que suficientes de un impacto negativo de las políticas actuales de fomento a los biocombustibles deberían llamar al "principio precautorio", ya aplicado anteriormente en acuerdos internacionales sobre protección de la biodiversidad. Dicho principio recomienda que“cuando haya amenazas de daños serios o irreversibles, la falta de plena certeza científica no debe usarse como razón para postponer medidas efectivas que eviten la degradación ambiental”.

Existen otras formas de solucionar el problema energético de manera más eficiente y mucho menos arriesgada, como las medidas de ahorro y eficiencia energética, que pueden reducir hasta en un 30% el consumo actual de combustibles. También se requiere invertir más en desarrollar los biocombustibles llamados de "segunda generación" (a partir de residuos o materias primas no alimentarias) y establecer estándares más exigentes en cuanto a la reducción real de emisiones o los efectos del cambio de uso de la tierra debido al cultivo de biocombustibles.

Cuando por tratar de solucionar un problema se generan otros, deberíamos ser lo suficientemente cautelosos como para cambiar de estrategia. Otros ya lo están haciendo, esperemos que España rectifique a tiempo.

Arantxa Guereña
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Los contenidos de este blog son reflexiones personales de los autores, y no necesariamente representan las posiciones de Oxfam. Para conocer nuestras publicaciones y los temas que investigamos, consulta las páginas de Oxfam o de Intermón Oxfam.