La pobreza y la desigualdad son problemas complejos, pero no inevitables. Una sociedad bien informada puede provocar la transformación económica y política que pondrá fin a la pobreza. Este blog, elaborado por el área de investigaciones de Intermón Oxfam, quiere contribuir a ese debate: proponer reflexiones e ideas sobre la globalización y el desarrollo, y escuchar lo que otros tienen que decir.
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miércoles, 13 de mayo de 2009

La verdadera pandemia: el hambre

Hoy morirán en el mundo 25.000 personas por falta de alimentos, 16.000 de ellas son niñas y niños. La misma cantidad murió ayer. Y la misma morirá mañana. Pero estas cifras no aparecerán en ningún periódico; tampoco se hablará de ello en las noticias de la noche. Mientras, una falsa pandemia que ha matado a menos de diez personas sigue ocupando páginas y sumando minutos de pantalla.

Ya pocos recuerdan la crisis de alimentos del año pasado, que puso en evidencia los grandes fallos del sistema alimentario mundial y elevó hasta casi mil millones el número de personas que sufren hambre en el mundo (haz clic aquí para ver el informe de Oxfam Internacional “Mil millones de personas hambrientas”).

¿Cuál fue la respuesta de la comunidad internacional? Muchas reuniones, algunos compromisos, escasas medidas eficaces. Vale la pena recordar que ya en 1996, en la Cumbre Mundial sobre Alimentación se fijó la meta de reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el año 2015. Después se adoptó como parte del primer Objetivos del Milenio. Y sin embargo, desde entonces las cosas no han hecho más que empeorar.

Los intentos de responder con un esfuerzo global y coordinado no llegan a dar frutos. Los compromisos que se lanzan al calor de las cumbres mundiales se los lleva el viento. La inversión en agricultura ha ido bajando desde un 17 por ciento del total de la ayuda al desarrollo en los años 80 a poco más de un 3 por ciento en los últimos presupuestos.

Como ciudadanos, nos toca mantener la atención sobre los temas verdaderamente importantes. Y presionar a nuestros gobernantes para que respondan con honestidad y coherencia al enorme reto de hacer realidad el derecho a la alimentación para todos los seres humanos.

Arantxa Guereña



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viernes, 20 de febrero de 2009

Producir alimentos para quien puede pagarlos

Hasta ayer, el mercado parecía la respuesta a casi todo. Hoy casi nadie confía en él. Por fallos en el mercado global de alimentos, millones de personas más en el mundo pasan hambre. Se dice pronto. Y por temor a esos mismos fallos, los países que se lo pueden permitir han buscado una vía mucho más segura.

Se trata de países con muchas bocas que alimentar, suficientes recursos económicos pero malas condiciones para desarrollar su propia agricultura. Hace unas semanas, el caso de Corea del Sur y su intención de tomar control de casi la mitad de la isla de Madagascar saltó a los medios. Y tal vez gracias al revuelo que causó, de momento no ha pasado de ser una intención.

Pero hay muchos otros casos. Hasta cien son los que recoge el informe de GRAIN
¡Se adueñaron de la tierra!. Os cuento sólo uno de ellos.

Sudán es el país más extenso de África. Casi toda su superficie es cultivable, pero sólo un 20 por ciento está en producción. Así que su gobierno ha decidido atraer grupos inversores árabes y asiáticos para que exploten este gran potencial. Como la mayor parte de la tierra pertenece al estado, espera obtener jugosos beneficios a través de contratos a largo plazo. Dos ganchos: exención de impuestos a la importación de semillas, fertilizantes y tractores; y no más tasas a la exportación, para que todos los alimentos producidos salgan sin problemas rumbo al plato de los coreanos.

Tal vez esto no nos cause tanta alarma. Hasta que sabemos que en Sudán hay más de cinco millones y medio de personas hambrientas que dependen de la ayuda alimentaria para sobrevivir.

Aunque este esquema no es algo tan nuevo –sólo hay que recordar la explotación de las tierras más fértiles del Trópico para cultivos de exportación- hay algo inquietante en esta nueva etapa de explotación. Y es que hoy lo que está en juego es el derecho a la alimentación. Y no está de más recordar que forma parte de los derechos elementales de todo ser humano.



Arantxa Guereña
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martes, 9 de diciembre de 2008

Que gran oportunidad para rendir cuentas

El Banco Mundial acaba de publicar una nueva edición del Global Economic Prospects. Como era de esperar, el informe ofrece perspectivas fúnebres acerca de la economía mundial, y eso incluye a las economías en desarrollo (crecerán en 2009, pero casi tres puntos y medio por debajo del crecimiento de 2007).

Según el Banco, la desaceleración llega precisamente cuando la subida del precio de las materias primas ha hecho a las economías de estos países mucho más vulnerables. No sólo se han hecho más dependientes de un crédito internacional que, simplemente, ha dejado de estar disponible, sino que el encarecimiento de los precios del combustible y de los alimentos ha disparado la inflación.

Hay otras piezas interesantes (y no menos funestas), la mayor parte de ellas relacionadas con la evolución del precio de las materias primas, que es el tema central del informe.

Pero a mí me ha llamado la atención un dato que aparece casi escondido entre los demás: el comercio internacional dejará de crecer por primera vez desde 1982. Las consecuencias que este frenazo puede tener en el mundo en desarrollo son extraordinarias. El comercio ha sido el principal motor de crecimiento económico a lo largo de las últimas décadas.

La pregunta es: ¿cuánto de todo esto hubiese cambiado con una Ronda del Desarrollo firmada y sellada en 2003, tal como estaba previsto? El comentario que mi colega Javier Pérez hacía en este blog hace unos días no puede ser más pertinente, y la responsabilidad de quienes impidieron el buen desarrollo de la Ronda (lobbies agrarios europeos y estadounidenses, fundamentalmente) no puede ser más grave.

La política de intereses miopes evita alguna que otra manifestación desagradable frente al ministerio, pero a la larga se vuelve contra nosotros como un bumerán. ¿Quién va a rendir cuentas por las decisiones que se han tomado?
Gonzalo Fanjul, desde Boston.
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viernes, 5 de diciembre de 2008

El tsunami silencioso

Algunos quizás recuerden que hasta hace menos de dos meses la única crisis de la que se hablaba era la crisis provocada por el precio disparado de los alimentos. Aunque todo esto parece haber quedado enterrado por los desmanes de Wall Street y las ayudas millonarias que reclaman los fabricantes de coches, para los países pobres el precio de los alimentos sigue siendo un problema real y grave.

El equipo editorial de la Revista de Fomento Social (una publicación trimestral que elabora la universidad ETEA) incluyó en el último número una pieza soberbia titulada El hambre, ¿tsunami silencioso? En él encontrarás un análisis sensato y bien informado de las causas que han provocado esta crisis. Merece la pena leerlo con atención.

El único punto en el que los autores y yo discrepamos es en la inquebrantable fe que demuestran en la Política Agraria Común y en sus gestores. Tras describir los avances que han logrado las reformas de los ultimos años, el artículo señala: "(...) los excedentes de la Unión Europea de otros tiempos podrían haber amortiguado la volatilidad de los precios agrícolas en estos últimos meses". Es posible que esto sea cierto, pero, francamente, resulta difícil ignorar que el fracaso de los mercados agrarios internacionales tiene mucho que ver con un modelo diseñado a la medida de los intereses de Europa y de los EEUU.

La liberalización forzada de los países pobres es el complemento necesario del dumping sistemático que practica la Unión Europea. A pesar de lo que opinan los autores, la diferencia entre las ayudas que reducían ayer el precio de exportación y las que engrosan hoy la cuenta corriente del exportador (el sistema de ayudas directas) es la misma diferencia que existe entre que te atraquen y que te quiten la cartera. Éste no es hoy el problema de los agricultores pobres (más bien el contrario), pero es indudable que es parte del origen del problema.

Discrepamos, pero los autores defienden su punto de vista con argumentos y honestidad, algo poco habitual en los debates sobre la agricultura europea. No dejes de leer el artículo.

Gonzalo Fanjul, desde Boston.
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Los contenidos de este blog son reflexiones personales de los autores, y no necesariamente representan las posiciones de Oxfam. Para conocer nuestras publicaciones y los temas que investigamos, consulta las páginas de Oxfam o de Intermón Oxfam.