Esta nueva era en la que vivimos me está dando mucho que reflexionar. ¿Cómo será el mundo dentro de cinco años? ¿Qué países se habrán pasado al bando de los ricos y cuáles al de los pobres? ¿Las inequidades aumentarán y la clase media desaparecerá? ¿Se tejerán nuevas redes sociales? ¿Qué mecanismos de supervivencia inventaremos para salir de esta situación? ¿Cuáles serán las consecuencias sociales de tantos millones de parados en el mundo? En fin… podría no parar pero hay una pregunta en la que sí me gustaría profundizar aunque mucho me temo que esto sólo es una mera aproximación.
¿La crisis financiera puede llevar a un encadenamiento de conflictos violentos?
Aunque la pregunta parece algo apocalíptica, lamentablemente, es bastante oportuna. El Análisis Institucional y Político elaborado por el Banco Mundial contiene dos resultados muy relevantes. Por un lado, indica que las desaceleraciones económicas están acompañadas por un deterioro de los indicadores de gobernabilidad. Por otro, constata que los conflictos son más frecuentes durante episodios de desaceleración que durante tiempos normales. Dada la severidad de la crisis actual, estas conclusiones indican que podemos estar presenciando el inicio de una oleada de nuevos conflictos causada por el revés de las reformas gubernamentales.
El think tank LEAP/Europe 2020, utiliza otras variables distintas para predecir que países tienen mayor probabilidad de que estalle un conflicto. Según esta organización, la ausencia de una red de seguridad social y la circulación libre de armas son los dos factores desencadenantes de un conflicto. Si fuese tal el caso, decenas de países estarían en esta situación (entre ellos ¡Estados Unidos!). Otros como el IPPR, indican que la causa del conflicto está en los indicadores económicos, como la elevada tasa de desempleo o el empeoramiento severo de los indicadores macroeconómicos.
Sea cuales sean los criterios empleados, parece bastante factible que entramos en una nueva era de conflictos (aunque sean de menor magnitud que los de años precedentes) que no sólo va afectar a los países directamente implicados. A medida que los estados frágiles y las sociedades divididas se vean abocados al conflicto violento, los efectos se dejarán notar en los países vecinos ante el desplazamiento de población, la reducción de la actividad económica y la pérdida de oportunidades. Bajo esta óptica, los conflictos regionales parecen más que probables.
Por eso la tendencia a reducir la ayuda al desarrollo, y concretamente los cortes que están sufriendo las partidas destinadas a prevención de conflictos, deben revertirse. Ahora más que nunca es necesario que la prevención de conflictos sea una prioridad en la agenda política mundial. La próxima reunión G20 en abril podría ser la oportunidad de oro para hacerlo realidad, pero mucho me temo que no lo será……
Paula San Pedro
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La pobreza y la desigualdad son problemas complejos, pero no inevitables. Una sociedad bien informada puede provocar la transformación económica y política que pondrá fin a la pobreza. Este blog, elaborado por el área de investigaciones de Intermón Oxfam, quiere contribuir a ese debate: proponer reflexiones e ideas sobre la globalización y el desarrollo, y escuchar lo que otros tienen que decir.
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miércoles, 4 de marzo de 2009
lunes, 15 de diciembre de 2008
¿La crisis hace mella en el Sur?
Lo se, lo se, seguro que os preguntáis que novedad voy a decir sobre la más famosa de la crisis. Es ya un tema tan recurrente que no sólo encabeza las primeras páginas de todos los periódicos occidentales desde hace un par de meses sino que se ha colado en nuestras comidas familiares convirtiéndose en el tema predilecto. A pesar de ello, no hay quien se aburra porque cada día nos sorprenden con nuevos escándalos – lo último, la gran estafa de Madoff- más ajustes económicos a la baja, más despidos masivos y peores augurios. En fin, imposible saber cómo estaremos dentro de unas semanas.
Pero no es este tema exactamente sobre el que quería hablar. ¿No les sorprende que conozcamos cada detalle del escándalo del gobernador de Illinois pero que en cambio no tengamos ni idea de cuales son las consecuencias de esta crisis en los países del sur? aunque sólo sea por una cuestión numérica- en el sur vive alrededor del 85% de la población mundial. ¿Por qué me llama la atención? Se confirma una vez más que a los medios de comunicación les interesa, principalmente, el restante 15% de la población. Pero creo que en este caso no se confirma el dicho “pas de nouvelle, bonne nouvelle” porque supongo que las empresas occidentales que se habían deslocalizado en Asia y África estarán también sufriendo su propia recesión, lo mismo ocurrirá con las inversiones occidentales en estos países, no hablar de las ayudas.
Pero después de semanas ¡veo por fin una noticia relacionada con el tema en cuestión! y como cualquier podría esperar es poco optimista. La República Democrática del Congo, país que logra aunar en sus fronteras una de las mayores riquezas de recursos del mundo, décadas de guerra y una población diezmada por ambas razones sufre ahora además las consecuencias de la crisis financiera del norte. Ya han sido despedidos 200.000 trabajadores de las minas de cobalto y cobre porque resulta muy caro producirlas ante la caída del precio en el mercado internacional. Se espera que para finales de mes el número de despidos ascienda a 300.000. Estas cifras no son nada despreciables en comparación con lo que está pasando en occidente donde la banca de inversión en su totalidad arrastra 230.000 despidos desde que comenzó la debacle en el verano de 2007. Quizás para finales de año sólo RDC sume más despidos que el sector financiero..
Esta noticia, que no ocupa las portadas de ningún periódico, sólo nos muestra la punta del iceberg de lo que está pasando en la mayor parte del mundo.
Así es que parece indudable que la crisis financiera no sólo ha llegado a los países del sur sino que ha ya sacudido con virulencia sus economías. Mucho me temo que esta crisis financiera es ya un problema añadido a la pobreza, el analfabetismo, las pandemias, la corrupción, las guerras, la escasez de alimentos, o el desempleo. Un suma y sigue del que no somos del todo conscientes porque “no es noticia”.
Paula San Pedro Leer más...
Pero no es este tema exactamente sobre el que quería hablar. ¿No les sorprende que conozcamos cada detalle del escándalo del gobernador de Illinois pero que en cambio no tengamos ni idea de cuales son las consecuencias de esta crisis en los países del sur? aunque sólo sea por una cuestión numérica- en el sur vive alrededor del 85% de la población mundial. ¿Por qué me llama la atención? Se confirma una vez más que a los medios de comunicación les interesa, principalmente, el restante 15% de la población. Pero creo que en este caso no se confirma el dicho “pas de nouvelle, bonne nouvelle” porque supongo que las empresas occidentales que se habían deslocalizado en Asia y África estarán también sufriendo su propia recesión, lo mismo ocurrirá con las inversiones occidentales en estos países, no hablar de las ayudas.
Pero después de semanas ¡veo por fin una noticia relacionada con el tema en cuestión! y como cualquier podría esperar es poco optimista. La República Democrática del Congo, país que logra aunar en sus fronteras una de las mayores riquezas de recursos del mundo, décadas de guerra y una población diezmada por ambas razones sufre ahora además las consecuencias de la crisis financiera del norte. Ya han sido despedidos 200.000 trabajadores de las minas de cobalto y cobre porque resulta muy caro producirlas ante la caída del precio en el mercado internacional. Se espera que para finales de mes el número de despidos ascienda a 300.000. Estas cifras no son nada despreciables en comparación con lo que está pasando en occidente donde la banca de inversión en su totalidad arrastra 230.000 despidos desde que comenzó la debacle en el verano de 2007. Quizás para finales de año sólo RDC sume más despidos que el sector financiero..
Esta noticia, que no ocupa las portadas de ningún periódico, sólo nos muestra la punta del iceberg de lo que está pasando en la mayor parte del mundo.
Así es que parece indudable que la crisis financiera no sólo ha llegado a los países del sur sino que ha ya sacudido con virulencia sus economías. Mucho me temo que esta crisis financiera es ya un problema añadido a la pobreza, el analfabetismo, las pandemias, la corrupción, las guerras, la escasez de alimentos, o el desempleo. Un suma y sigue del que no somos del todo conscientes porque “no es noticia”.
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lunes, 1 de diciembre de 2008
Un nombramiento esperanzador en el equipo de Obama
Según publica hoy el diario International Herald Tribune, Barak Obama habría elegido a Susan Rice como la nueva embajadora de EEUU ante la ONU. Aunque este nombramiento es un chasco para quienes esperábamos que Obama diese una oportunidad a la incombustible Samantha Power (profesora de la Kennedy School of Government y una defensora valiente y lúcida de los derechos humanos), parece poco probable que la nueva embajadora vaya a ser menos combativa en este ámbito.
Secretaria Adjunta de Estado para África durante el Gobierno de Bill Clinton, Rice tuvo que vivir el fracaso de la comunidad internacional ante el genocidio de Ruanda, una experiencia que le dejó marcada por vida. Durante los últimos años se ha convertido en una dura detractora de la apatía de EEUU ante la guerra de Darfur, y varias organizaciones -como Save Darfur Coalition- ya han expresado su satisfacción ante un nombramiento que puede volver a colocar los conflictos de África en el mapa de la Casa Blanca.
Gonzalo Fanjul, desde Boston.
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Secretaria Adjunta de Estado para África durante el Gobierno de Bill Clinton, Rice tuvo que vivir el fracaso de la comunidad internacional ante el genocidio de Ruanda, una experiencia que le dejó marcada por vida. Durante los últimos años se ha convertido en una dura detractora de la apatía de EEUU ante la guerra de Darfur, y varias organizaciones -como Save Darfur Coalition- ya han expresado su satisfacción ante un nombramiento que puede volver a colocar los conflictos de África en el mapa de la Casa Blanca.
Gonzalo Fanjul, desde Boston.
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jueves, 13 de noviembre de 2008
La famosa crisis y su desconocido lado oscuro
Según las noticias de esta última semana, la ayuda al desarrollo se podría reducir en un 30% debido a la crisis financiera. No es una noticia nueva y las alarmas ya han saltado en todos los ámbitos, los países del sur, las ONG y las instituciones multilaterales se han hecho eco de ella y se empiezan a plantear soluciones. Sin embargo, veremos si esta onda expansiva llega a la reunión del G20. Queda la esperanzan de que la presencia de países como India, Sudáfrica o Brasil- aunque sin olvidar a Estados Unidos donde 1 de cada 8 habitantes viven en la pobreza- puedan ser la memoria viva de los dos tercios de la población mundial que viven en la pobreza.
La crisis financiera plantea tantos retos mundiales que parece difícil que ni un batallón de Obamas pudiese resolverlos. El primero es la citada reducción de la ayuda al desarrollo. ¿Cómo van a sobrevivir agencias de Naciones Unidas que dependen hasta en un 70% de estos fondos? ¿Qué implicaciones tendrá para órganos como UNICEF o el Programa Mundial de Alimentos? La situación de partida es ya precaria. Por dar algunos ejemplos, en Burundi el 46% de la población se encuentra en situación de malnutrición crónica, en Etiopía 6.4 millones están en situación de inseguridad alimentaria, en Afganistán esta cifra asciende al 35% y en Haití, tras dos huracanes, este número ha aumentado en un 20% en el último mes. ¿Qué capacidad de respuesta a la crisis van a tener estos países cuando más de un cuarto de su población no tiene ni para comer?
Otro de los grandes retos es la reformulación a la que se va a tener que someter el sistema internacional. A pesar de que es obvio que este sistema ha dejado de ser eficiente, los intereses creados están tan arraigados que el cambio no va a ser nada fácil y no va a gustar a quienes acostumbraban a estar en el poder. El mundo está cada vez más interconectado e interrelacionado, por lo que ya no es lógico que los mismos ocho sigan tomando las decisiones. Además, esta nueva organización debe poder hacer frente a los problemas globales actuales: la pobreza, el cambio climático, y la crisis de los alimentos y la energía.
A pesar de que el mundo es consciente de los peligros y las amenazas que trae consigo esta crisis, el impacto que va a tener sobre los países en desarrollo es impredecible dado que no hay precedente histórico. Lo que sí que parece claro es que esta crisis va a ser el punto de inflexión para muchas personas (quienes caigan bajo el umbral de la pobreza) y para muchos países (quienes retrocedan en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio).
No va haber ámbito económico, político o social que no se vaya a ver afectado por esta nueva situación. Los derechos humanos no van a ser menos y el riesgo de que incremente el número de violaciones es mayor. Los derechos económicos y sociales (como la vivienda, la educación o la sanidad) van a sufrir tal presión que será difícil que muchos países puedan satisfacerlos. Las tensiones sociales derivadas de esta situación pueden aumentar ante la amenaza de que se restrinjan las libertades civiles. Al tiempo que las economías caen y los países tienen que apretarse el cinturón, los desplazados y los refugiados, siendo sectores especialmente vulnerables, pueden sufrir una mayor desprotección. Aquellos países denominados “estados frágiles” se pueden ver aún más debilitados por esta crisis provocando con ello la vuelta a la inestabilidad y a la violencia.
En su próxima reunión, el G20 debe evitar la miopía política y las estrategias unilaterales. En un momento de crisis global, las soluciones deben ser globales y no se puede permitir que se reduzcan al ámbito financiero. No olvidemos que esto no es sólo una cuestión de dinero. Estamos en un momento histórico que puede marcar el punto de inflexión para los que viven en la pobreza, los que sufren un conflicto, los que han tenido que huir de su país o los que no pueden disfrutar de sus derechos que son realmente la mayoría de la población mundial.
Paula San Pedro Leer más...
La crisis financiera plantea tantos retos mundiales que parece difícil que ni un batallón de Obamas pudiese resolverlos. El primero es la citada reducción de la ayuda al desarrollo. ¿Cómo van a sobrevivir agencias de Naciones Unidas que dependen hasta en un 70% de estos fondos? ¿Qué implicaciones tendrá para órganos como UNICEF o el Programa Mundial de Alimentos? La situación de partida es ya precaria. Por dar algunos ejemplos, en Burundi el 46% de la población se encuentra en situación de malnutrición crónica, en Etiopía 6.4 millones están en situación de inseguridad alimentaria, en Afganistán esta cifra asciende al 35% y en Haití, tras dos huracanes, este número ha aumentado en un 20% en el último mes. ¿Qué capacidad de respuesta a la crisis van a tener estos países cuando más de un cuarto de su población no tiene ni para comer?
Otro de los grandes retos es la reformulación a la que se va a tener que someter el sistema internacional. A pesar de que es obvio que este sistema ha dejado de ser eficiente, los intereses creados están tan arraigados que el cambio no va a ser nada fácil y no va a gustar a quienes acostumbraban a estar en el poder. El mundo está cada vez más interconectado e interrelacionado, por lo que ya no es lógico que los mismos ocho sigan tomando las decisiones. Además, esta nueva organización debe poder hacer frente a los problemas globales actuales: la pobreza, el cambio climático, y la crisis de los alimentos y la energía.
A pesar de que el mundo es consciente de los peligros y las amenazas que trae consigo esta crisis, el impacto que va a tener sobre los países en desarrollo es impredecible dado que no hay precedente histórico. Lo que sí que parece claro es que esta crisis va a ser el punto de inflexión para muchas personas (quienes caigan bajo el umbral de la pobreza) y para muchos países (quienes retrocedan en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio).
No va haber ámbito económico, político o social que no se vaya a ver afectado por esta nueva situación. Los derechos humanos no van a ser menos y el riesgo de que incremente el número de violaciones es mayor. Los derechos económicos y sociales (como la vivienda, la educación o la sanidad) van a sufrir tal presión que será difícil que muchos países puedan satisfacerlos. Las tensiones sociales derivadas de esta situación pueden aumentar ante la amenaza de que se restrinjan las libertades civiles. Al tiempo que las economías caen y los países tienen que apretarse el cinturón, los desplazados y los refugiados, siendo sectores especialmente vulnerables, pueden sufrir una mayor desprotección. Aquellos países denominados “estados frágiles” se pueden ver aún más debilitados por esta crisis provocando con ello la vuelta a la inestabilidad y a la violencia.
En su próxima reunión, el G20 debe evitar la miopía política y las estrategias unilaterales. En un momento de crisis global, las soluciones deben ser globales y no se puede permitir que se reduzcan al ámbito financiero. No olvidemos que esto no es sólo una cuestión de dinero. Estamos en un momento histórico que puede marcar el punto de inflexión para los que viven en la pobreza, los que sufren un conflicto, los que han tenido que huir de su país o los que no pueden disfrutar de sus derechos que son realmente la mayoría de la población mundial.
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